Herzon Pinedo Chuqui

martes, 20 de abril de 2010

AMAZONAS ES UN PARAISO... OLVIDADO?


Desde hace un tiempo a esta parte, mucha gente se pone a hablar de lo hermoso que es el departamento de Amazonas, por su gente, sus maravillas naturales y culturales, y su espectacular clima. Es que en realidad hay motivos diversos para ello, aunque sería bueno conocerlo y disfrutarlo.


Amazonas se encuentra en el nororiente peruano, y desde Lima sólo se llega en bus luego de un largo viaje de más de 20 horas pasando por Chiclayo. Puede ir en avión hasta Tarapoto y de ahí en bus durante unas cinco o seis horas. Si bien Chachapoyas cuenta con aeropuerto, éste no es utilizado regularmente por razones del mal tiempo o por la poca demanda. Creo que la razón primera es la valedera, porque tras el accidente de Tans, no hay vuelos regulares, salvó la Fuerza Aérea y sus vuelos cívicos.

Gran parte del territorio amazonense ocupa un área geográfica muy escarpada en ceja de selva, con elevadas cadenas de montañas, precipicios y cerrados valles que durante gran parte del año presentan una nubosidad muy densa, y seguramente por esta razón, los Sachapuyos fueron indomables, como se dice. ¿Acaso Kuélap no está en lo alto de una montaña y hay que tener mucha suerte para llegar cuando el cielo está despejado?.

La otra parte de su territorio, pegada a Ecuador, es netamente selva como Bagua, Utcubamba o Condorcanqui, donde se ubican las comunidades nativas que tomaron protagonismo últimamente por las violentas protestas como el trágico "Baguazo" en la ya conocida "Curva del diablo". No hay que confundir o mezclar estas dos realidades: el Amazonas en ceja de selva y el Amazonas netamente selva.

Para conocer el Amazonas en ceja de selva, subir al torreón de Kuélap, admirar la profundidad del cañón del Sonche, pasear por las angostas calles de Chachapoyas, impresionarse con las cataratas de Gogta o con las momias de Leymebamba, entre otras maravillas, es necesario tener espíritu aventurero, disposición de tiempo y algo de dinero, claro.

Cierta vez, el ex presidente Valentín Paniagua me dijo que Chachapoyas, para él era el Cusco del nororiente, por su rostro andino, sus casonas y tejados a doble agua, y que debería convertirse en un gran polo de desarrollo turístico. De la misma opinión es la ministra Mercedes Aráoz quien incluso afirmó que le gustaría vivir en Chachapoyas por su excelente clima, por ser pueblo tranquilo y contar con la magia milenaria de Kuélap.

Chachapoyas es una pequeña ciudad, llena de oficinas, colegios, instituciones del Estado, fundada en una pequeña meseta y rodeada por dos cadenas de montaña, dicen que con la única intención de la conquista de la Amazonía durante los primeros años de la colonia, por ello seguramente, su gente (de descendencia española en su mayoría) siempre marca la diferencia con lo que denominan "los pueblos", esa es la impresión mía, pero siempre en Chachapoyas se escucha la frase "son del pueblo" cuando se refieren a la gente de alrededores.

Sin embargo, en estos tiempos la cosa está cambiando, esa gente que llega de los distritos, anexos y caseríos le han dado a la vieja y tranquila ciudad el movimiento comercial que no tenía, ahora también se ven asentamientos humanos y nacen algunos problemas de inseguridad como en las grandes ciudades, pero en realidad es la ciudad que crece, ahora pujante, nos guste o no por la migración.


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Pero felizmente ahora Chachapoyas ya cuenta con carretera asfaltada, con universidad, hoteles, restaurantes, que antes no tenía, principalmente por la inoperancia de sus autoridades y por la pasividad de la población. Sí, esa es la cruda verdad aunque duela, porque a los chachapoyanos nunca se les ha visto protestar para exigir un derecho o una obra de desarrollo. Cómo no recordar la eterna espera de la hidroeléctrica de Cáclij, la pavimentación de la carretera, la universidad, etc... Es que los chachapoyas son pasivos, será porque ellos no son los nativos de la selva de Bagua, ellos son otros, son los "chachas" que creen que lo tienen todo, porque en realidad no tienen mayores apremios, ni sociales ni económicos.

Pero para conocer esta tierra que está despertando y dándose conocer al mundo, tenemos que armarnos de un espíritu aventuro y lanzarnos con la mochila al hombro, porque ahí están Kuélap, Gogta, Leymebamba, Luya, Huancas, Cheto, Molinopampa, Levanto, La Jalca, etc, cada pueblo con su encanto propio y sus comidas deliciosas como el purtomute, los tamalitos verdes, el cuy con papas, el café colado y sus panes incomparables.


Al escribir estas líneas recuerdo las alturas de mi Mito querido, a hora y media de Chachapoyas, siguiendo la ruta a Rodríguez de Mendoza. Se vienen a mi mente los pajonales, la jalquería, el cantar de las avez, las lluvias y los huracanes, los días de sol y las mingas. Como no recordar las caminatas en medio de las ruinas arqueológicas perdidas en los bosques, que son verdaderas ciudades antiguas como Choquia, Chaquil, Topia, Tiñón, etc. Cómo no añorar las dulces guayabas negras, las moras de zarza, los tomates amarillos, los pepinillos rojos, el maushán, las papayas, frutillas silvestres que sólo en esa parte del mundo se las encuentra.

Para conocer Chachapoyas y toda su belleza pasaremos por el puente Corral Quemado, Bagua, Quebrada Honda y Pedro Ruiz, hacer la caminata de tres horas a Gogta, visitar Kuélap, el museo de Leymebamba, el mirador de Sonche, Karajía, etc. Sólo estas pocas maravillas nos tomarán tres a cuatro días como mínimo, pero eso no debe importar, porque será realmente impresionante por tantas cosas que son difíciles de escribir, más para un amazonense...

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