Herzon Pinedo Chuqui

martes, 21 de diciembre de 2010

EN NUEVA CAJAMARCA VI GOLEAR A UNION COMERCIO



Tuve la suerte de ver jugar al flamante campeón de la Copa Perú 2010: Unión Comercio de Nueva cajamarca. Como lo relato en una nota anterior en este mismo blog, fue en una breve visita al pujante distrito de Nueva Cajamarca, un domingo de octubre reciente. Aquel día, luego de almorzar con mi primo Neptalí, en el calor de su hogar y junto a su familia, nos dirigimos al estadio para ver el partido Unión Comercio-Manucci. El torneo llamado "futbol macho" ya estaba en su etapa regional. Los del Alto Mayo habían barrido en la distrital y departamental y ahora lo hacían ante equipos de trayectoria.
Esperamos cerca de una hora para el inicio del encuentro, mientras una bulliciosa banda entretanía a los hinchas que repletaron la única tribuna del recinto municipal. Una pareja de niños bailó en el centro del campo una marinera, como para hacerle sentir como en casa a los rivales de turno, porque lo adecuado hubiera sido presentar un espectáculo selvático, creo yo.
Se dio el pitazo inicial y los rojos sanmartinenses se adueñaron del balón, parecía un partido de un sólo lado. Me impresionó sobremanera el manejo del balón en la media cancha. Parecía un equipo de nivel profesional, aunque no podían marcar pese a la gran cantidad de ocasiones claras generadas. Sin embargo, los goles cayeron por peso propio y el triunfo fue claro por 3-0.
Me contaron que estaba encabezando la tabla con un punto más sobre el segundo lugar, con quien le tocaba jugar el domingo entrante de visita. "Un empate en Bambamarca (Cajamarca) y clasificamos a la etapa nacional", me dijeron. Seguramente así fue.
Lo demás es historia conocida. Con el ir de las semanas y ya en Lima, seguía domingo a domingo al "Poderoso del Alto Mayo" que dejó en el camino al San José de Tumbes, Comerciantes Unidos de Cutervo, Hospital de Pucallpa y en la gran final a Alianza Porvenir Unicachi de Yunguyo (Puno).
En la primera final y tras el triunfo por 2-0 en Tarapoto, pensé que el destino estaba echado para los de la selva, porque los del altiplano habían dejado en el camino a cuadros grandes como Huracán de Arequipa y ADT de Tarma, y más aún porque lo había hecho con abultadas goleadas. Sin embargo, la fe y esperanza en este nuevo inquilino del fútbol profesional peruano se sostenía en ese juego colectivo muy claro en la media cancha. "Si en Juliaca los del Alto Mayo marcan un gol -que lo veía posible- el campeonato estaba cerca.
Dicho y hecho: Tal y como lo supuse, Unión Comercio no marcó un gol, sino dos, suficientes para embolsicarse la Copa Perú 2010, pese a caer por 4-2.
Ahora, aquella tarde calurosa en la pujante Nueva Cajamarca, ciudad forjada por gente venida de Cajamarca, de ahí el nombre, a ambos lados de la carretera Marginal, ahora llamada Fernando Belaunde, se viene a mi mente, porque vi jugar y golear a Unión Comercio. Quedarán por siempre en mi recuerdo, porque soy amante del buen futbol y porque ese día visité también a familiares que no veía hacía muchos años. Además -como no- porque conocí una hermosa zona en la selva peruana, que merece una mirada del gobierno para dotarle de un buen estadio y poner en funcionamiento el aeropuerto de Rioja. Un valle con varias ciudades como Nueva Cajamarca, Rioja, Moyobamba, Soritor, Calzada, entre otros pueblos tiene que contar con vuelos aerocomerciales.
Por todo ello, Unión Comercio no debe ser ave de paso en la Primera División.

Escrito por Herzon Pinedo

jueves, 25 de noviembre de 2010

TAL COMO ME LO IMAGINABA



Viaje relámpago. He tenido la suerte de conocer muchas ciudades y pueblos de la costa, sierra y selva por mi trabajo como reportero de radio, cubriendo actividades presidenciales y otras, pero no con la tranquilidad necesaria para disfrutarlos, salvo en algunas oportunidades.
Siempre quise conocer Rioja, Moyobamba, Nueva Cajamarca, no sólo porque crecí escuchando historias de esos lugares de boca de tíos y primos que viajaban a esas localidades en la selva de San Martín para trabajar en el cultivo del arroz, sino porque en ellas viven desde muchos años atrás varios familiares.
Es así que me propuse ir hasta allá, pero por carretera, por una ruta que no conocía y que me pareció maravilloso. Pasar por Pomacochas observando la tremenda laguna; Buenos Aires, donde se ubicaba el campamento de mi padre cuando estaba en el Ejército trabajando como sanitario durante la contrucción de la Carretera Marginal de la Selva, ahora Fernando Belaunde Terry; la bajada de Venceremos, selva declarada en reserva; ingresar al valle del Alto Mayo pasando por viejos lugares que las conocía sólo por los relatos de mis paisanos como Río Seco, Yurac Yacu, Aguas Claras, Aguas Verdes, etc.
Un automóvil nos llevó, a mi padre a mí en tres horas desde Pedro Ruiz a Nueva cajamarca. Fue un viaje inolvidable, no solamente porque pude conocer una tierra soñada, también porque pude ver y saludar después de varios años a tíos y primos, para quienes guardo mucho cariño.
Tal como me lo imaginaba resultó ser todo lo que pude conocer. Al ver aquellos lugares, me parecía que ya las conocía. Eso me pasó al llegar a la casa de mi tío Jesús en San Juan de Tangomí, y ver sus tierras sembradas de arroz. Me contó que él llegó a ese lugar cuando todo era montaña y pantano; que tuvo que tumbar tremendos árboles a pulso para ganar terreno cuando ni carretera existía. Así como él, varios familiares salieron de mi tierra: Mito, en Chachapoyas, Amazonas, en busca de nuevos horizontes. Como tantos otros, han hecho su vida en este caluroso lugar que tanto gusto me visitar. Hasta el próximo viaje.

domingo, 21 de noviembre de 2010

EN LA CATARATA GOGTA



Uno de mis sueños se hizo realidad. Aprovechando mis vacaciones de octubre viajé a Chachapoyas, en el nororiente peruano. En realidad viajé a Mito, mi tierra natal a una hora de la capital amazonense acompañado de Diego, mi pequeño hijo de 4 años. Luego de unos días de estancia en mi pueblo, junto a mis padres y luego de disfrutar algunas cabalgatas y visitar las chacras me propuse emprender la aventura de conocer la bella e impresionante catarata de Gogta, ubicada en la provincia de Bongará.
Partí de Mito a Chachapoyas un viernes por la tarde, acompañado de mi papá Raúl. Caminamos hasta La Colpa por la "Fila" o "Filada". Lo hicimos en una hora, todo de bajada, con la mochila al hombro. Pude recordar aquellos años que bajaba y subía los fines de semana, cuando estudiaba la secundaria en Chachapoyas. Una combi nos llevó a la ciudad.
Al día siguiente, muy temprano, emprendimos la marcha en dos motos, con mi hermano Roger y mi cuñado Henry.
Tras el bello paisaje a orillas del Utcubamba llegamos a Cocachimba. Algunas delegaciones de estudiantes y turistas extranjeros ya nos habían adelantado. Luego de charlar con el encargado de recibir a los visitantes - quien por cierto conocía a algunos de mis familiares- y pagar nuestro boleto, iniciamos la caminata. Parecía cerca. La catarata se ve desde el pueblo y se supone que es fácil llegar, pues sólo son 5 kilómetros y algo más. No contábamos que el camino no era para nada fácil: subidas, bajadas, entradas y salidas en medio de una espesa selva nos esperaba. La ruta nos tomó cerca de dos horas, estábamos muy cansados, exhaustos, pero emocionados al ver tanta belleza indescriptible. Bajo la caída de agua, uno puede imaginar muchas cosas, pero se puede disfrutar del rocío helado que te baña a decenas de metros. Es casi imposible llegar hasta el centro mismo. Los que desean darse un chapuzón lo hacen varios metros abajo.
La experiencia fue mayor cuando logré ver por primera vez al elegante gallito de las rocas. Eran dos y estaban enfrascados en una tremenda bronca en la espesura del bosque. Dicen que hay que ser muy afortunados para cruzarnos con ellos. Gritan de manera espectacular y son mas grandes de lo que yo imaginaba.
Al retorno tomamos huarapo en el tambo de un lugareño que está haciendo un negocio redondo con el jugo de la caña fermentada que es muy solicitado por los aventureros, en cualquiera de sus presentaciones: fresca o fuerte. Supuse que caminaba como antes, pero me equivoqué. Cómo me agitaba y se rendían mis piernas en las subidas. Algunas estudiantes me pasaban como si nada.
Ya en Cocachimba buscamos almuerzo, pero nada de nada. El hambre apremiaba y la lluvia que nos acompañó de regreso continuaba. Era sábado y la mayoría de lugareños es adventista y estaban en el templo. Para poder comer, dicen que había que hacer el pedido en la mañana.
Volvimos a Chachapoyas, en algunos tramos soportando una fuerte lluvia. Un caldo de pollo caliente cerró una aventura que valió la pena emprender.

viernes, 19 de noviembre de 2010

LA DIOSA HERMOSA DEL AMOR


Después de algunos años me reencontré con Dina Páucar, la "Diosa hermosa del amor", a quien entrevisté en la ex CPN Radio para el programa Los Especiales del Domingo. No ha perdido su sencillez, me reconoció, eso creo.
Dina llegó a la redacción de OJO para impulsar el sorteo de un automóvil entre los lectores, y en esas circunstancias es cuando posamos para este blog. Fue un momento breve, pero suficiente para recordar aquella amplia conversación en cabina, hace tres años. En aquella oportunidad, ella contó a los oyentes sus más hermosas anécdotas, como cuando le llevaron en un avión privado desde Piura a Cusco, para cantar en el estadio Garcilaso, luego que Cienciano lograra la Recopa Sudamericana.
La intérprete de "Qué lindos son tus ojos", me contó que el presidente del club le llamó en la mañana para que en la tarde cante en la ciudad imperial. "Yo estoy en Piura", rerpondió ella. "No se preocupe, le estoy mandando un avión", le dijeron al otro lado.
Esa tarde cantó en el Cusco ha pedido de los propios futbolistas campeones y en la noche siguió cantando en Piura, donde tenía varios compromisos.
Dina Paucar, entre otros artistas, seguirán en mi recuerdo.

domingo, 14 de noviembre de 2010

UNION COMERCIO IMPARABLE


Le llaman el poderoso del Alto Mayo. El club Unión Comercio del pujante distrito de Nueva Cajamarca, en la provincia de Rioja, departamento de San Martín, está escribiendo una de las páginas más gloriosas de su historia. Ha clasificado a los cuartos de final de la Copa Perú 2010 al derrotar por penales (3-1) a otro grande: San José de Tumbes, en el estadio del IPD de Moyobamba (el partido terminó 2-0 a favor de los comerciantes que perdieron por igual marcador en el extremo norte de la patria).
Las graderías del estadio de la Ciudad de las Orquíada se vieron abarratodas por los aficionados que llegaron desde Nueva Cajamarca, Rioja, Naranjo, Naranjillo, Rioja, Calzada, Soritor, Tarapoto y todo el Alto y Bajo Mayo. La fiesta se desató en todas las ciudades, pueblos y caseríos del valle que sólo dejaba ver con cierta tranquilidad al Morro de Calzada.
Pero la fiesta sólo será momentánea, pues saben que la próxima fecha deben enfrentar a otro rival, que será más difícil. Sin embargo, puedo afirmar que los rojos de Nueva Cajamarca están para derrotar acualquier cuadro de costa, sierra o selva. Los vi jugar ante el Manucci de Trujillo en el Estadio Municipal de Nueva Cajamarca. Aquella tarde pudieron haber goleado por 7, 8, 9 o 10 goles, de no ser por el arquero trujillano. Parecen imbatibles con los 35 grados de temperatura, sin embargo, tienen que mejorar la definición, porque cuenta con buena volante que genera mucho fútbol y ocasiones de gol. Suerte en los cuartos de final.

miércoles, 14 de julio de 2010

SERE EL "PAPA" DE MI SOBRINA... EN SU CUMPLEAÑOS


La vida te da muchas sorpresas a diario, y esta mañana he recibido una de ellas que tal vez nos cambian la vida y nos hacen sentir más humanos. Después de algunos años, creo que son tres, he vuelto a ver a una de mis primas más cercanas que tengo en Lima. Ahí estaba, recelosa, pero franca en su hablar y actuar como es ella. Pero la sorpresa estaba junto a ella, estaba jugando, tiene cerca de tres años y es especial, sí, muy especial la pequeña Esther, no recuerdo su primer nombre, pero ella tiene Síndrome de Down. Sentí ternura en carne propia, porque sé que es una bendición, aunque muchas personas podrían lamentar la noticia. Al verla recordé la imagen de Alvaro, el hijo de entrenador campeón del mundo con España, levantando la copa, todo una estrella. Así es, ellos son felices y saben de triunfos y derrotas, nos acompañan en todo momento. Eso creo de la pequeña Esther y sólo Dios sabe por qué nos premia y nos envía un angelito. Esta sorpresa no habría sido posible para mí, si no hubiera aceptado hacer de "papá" de mi sobrina Lucero, quien llegó desde Italia para celebrar su cumpleaños. Su padre, mi primo falleció hace unos años allá y yo haré sus veces. Quiero decir, sacaré a mi sobrina a la fiesta, y seguro tendré unas cuantas palabras para ella y los presentes. Bueno, en ese papel acompañé a su mamá hasta mis otras primas para que entregue las tarjetas. Ahí fue la gran sorpresa. Qué grande es mi familia.

domingo, 16 de mayo de 2010

MI MITO QUERIDO


Pronto retornaré a mi tierra. Esta vez quiero mojarme con las lluvias, quiero sentir los vientos huracanados enfriar mis orejas hasta que duelan como cuando era niño y tapado con mi plástico soportaba las fuertes lluvias en las alturas. Quiero saciar mi sed con aquella agua fresca, deliciosa, casi dulce, incomparable, que cae a gotas del pajonal entre las frescas hierbas hacia el camino cuando iba a Toclón.

Quiero dormir en la jalca, escuchar el croar del sapito martillero, el cantar de las aves nocturnas como las ababas o el codo codo. A pesar que las leyendas dicen que son de mal aguero, las quiero escuchar. Quiero sentir lo placentero de ver una noche estrellada, a veces silenciosa y negra, misteriosa. Quisiera ir más lejos y adentrarme en la montaña y pernoctar en medio de la espesa selva en una pequeña cabaña de cuatro calaminas, y ver en la noche saltar de rama en rama aquellos traviesos monos que de día jamás se dejan ver.

Pronto volveré a mi Mito querido. Esta vez comeré aquellos platos que tanto extraño. Quiero saborear un caldito de murmachca o un sipra caldo con sus papas chauchas sancochadas. Como añoro los choclos asados con su cayhuita con sal en la chacra a la hora del almuerzo. El rico ucho de papas con motepelado, los locros o sopas en sus diversas formas, presentaciones y sabores. Se me hace agua la boca.

Ahora montaré a caballo, iré a las chacras y lampearé hasta que se me ampollen las manos como en aquellas vacaciones del colegio, cuando en enero, febrero y marzo, volvía de Chachapoyas -aunque regresaba todos los fines de semana- para ayudar a mi padre. Esta vez no flojearé, trabajeré. No me pondré a mirar si llega o no el almuerzo, no estaré atento a la Chaca Chaca para ver si ya es hora de regresar. No me alegraré si empieza a llover para guarecer en la cueva o choza. Esta vez intentaré trabajar más y sentir el olor de la chacra, de aquella tierra colorada de mi Chiña o la tierra negra de Vanos.

Entre Chiña, Vanos y Toclón pasé mis años maravillosos, deshierbando el maíz o las papas, o limpiando pasto. Mudando la yunta o llevando a los caballos. Hasta hoy siento las caídas de mis caballos, más recuerdo aquella del caballo moro, el que asustado por una perdíz dio un quite a todo galope que me sacó despedido hacia el arenoso camino, dejando mi rostro hecho una llaga. No supe qué hacer aquella vez que volví a casa y me acosté en mi cuarto. Mis padres me esperaban preocupados, ingresaron a mi habitación y me encontraron dormido.

Pero bueno, hace muchos años que no limplio pasto. Quiero decir sacar los arbustos para que puedan crecer el huacacho, el trebol, el siso u otros pastos que son la delicia de los animales. Hablo como si tuviera ganados, pero me gustaría tener y pasar mis días cuidándolos, dándoles sal, agua y buena hierba.

Mi querido Mito está a hora y media de Chachapoyas en carro, a 2 mil 600 metros de altitud, con su clima fresco, con sus bosques de eucaliptos que chillan y parecen caerse con los vientos, con sus grandes huertas de maizales, con sus chacras de papas camino a las alturas, con sus jalcas y pajonales, con sus potreros, con su Quichanos, su Topia, su Choquia, su Tiñon, su Chaquil, cuidadelas de los antiguos Sachapuyos. Me imagino subiendo la cuesta de Cuecón, la montaña de Yacñau, de Cashurco, de Solmal. Como no recordar la veces que me bañé en el río de Chaquil, en sus dormidas aguas diáfanas y frescas a tres mil metros de altura.

Tantos recuerdos, tantas vivencias que las quisiera volver a vivir de nuevo como mis largas caminatas de Chachapoyas a mi pueblo los fines de semana después del colegio. Cuando me metía al río Sonche, cuando tumbaba a pedradas las chirimoyas, las naranajas o limones. Pero esta vez, también quisiera ir a pie por Taquia para ver a mi tierra desde Tamiapampa, para refrescarme en Upaponcho, aquel pequeño río donde me llevaba mi madre a lavar la ropa. A este río que iba religiosamente mi abuela Rosa para bañarse, ella decía que era su medicina, que se sentía bien, que no le dolían los huesos cuando se bañaba en sus aguas.

Lo cierto es que le hacía feliz esa aguita que cae de la montaña. Eso era, a mí también me hacía feliz y lo extraño al igual que a mi Mito. Pronto, muy pronto recorreré sus caminos con sus subidas, bajadas y laderas. Me pondré mi poncho y mi gorra.

domingo, 9 de mayo de 2010

YO ESTUVE EN KUÉLAP


Estuve en Kuélap hace 23 años. Llegué a esta espectacular Fortaleza en viaje de promoción en diciembre de 1987. Impresionante la ciudadela de los Chachapoyas, mis ancestros, por su puesto. No sólo por estar ubicada en lo alto de una montaña, sino por la experiencia de haber llegado caminando desde el desaparecido Tingo a orillas del Utcubamba.

A las cuatro de la mañana, los integrantes de la promoción 87 del Colegio Nacional San Juan de La Libertad de Chachpoyas, la cual integraba como alumno del Quinto D, nos concentramos en la plazuela de Burgos, donde abordamos un camión 300 y una camioneta, íbamos en la tolva, éramos unos 100, tal vez un poco más. Llegamos al Tingo antes que amanezca. Hasta aquí en carro, luego teníamos que caminar porque la carretera hasta arriba era aún trocha.

Cuatro compañeros, con los primeros rayos del día, decidimos iniciar la subida del empinado cerro. Decían que la ruta toma tres horas a buen ritmo. Mientras ascendíamos nos dábamos cuenta que los pueblos del frente, que las veíamos arriba, iban quedando abajo, cada vez más abajo. Teníamos 16 años en promedio y literalmente corríamos como si estaríamos compitiendo. El sol aún no calentaba, tampoco había amenaza de lluvia, parecía un día perfecto y así fue. Llegar hasta la Kuélap nos tomó apenas una hora con 45 minutos, con reloj en mano. Fue un récord. Hasta hoy guardo aquella imagen, desde que vi el muro de piedras desde lejos. A medida que íbamos acercándonos crecía. En realidad tiene más de 10 metros de altura, tal vez más. Es impresionante.

Valió la pena caminar a largos trancos y de subida, estábamos bañados en sudor, pero no nos importó. El viento fresco y los tímidos rayos del sol hicieron sentirnos bien. Lo curioso fue que no podíamos entrar a recorrer la ciudadela porque el profesor no llegaba para presentar el permiso respectivo. Tuvimos que esperar hasta el medio día. Lo hicimos desayunando en uno de los escasos restaurantes: un café caliente con dos panes grandes de maíz fueron suficientes para recuperar fuerzas. El pollo guisado del friambre fue para más tarde. Cerca del medio día ingresamos e hicimos el recorrido.

Luego de una hora y algo más de recorrido salimos para almorzar y tomar algunas bebidas -algunos compañeros llevaron aguardiente- para pasarla bien, pues eran nuestros últimos días en el colegio. Se imaginan lo que representa beber aguardiente puro a más de tres mil metros de altura, escuchando a Los Prisioneros -que estaban de moda por esos tiempos- para luego bajar unas dos horas a pie por un camino angosto y pedregoso. El mismo grupo que subimos iniciamos el descenso, fue rápido, no sé cuánto tiempo nos tomó, pero ya estábamos en el Tingo, los demás también iban llegando. Aprovechamos para nadar en río.

Lo bueno vino después, porque visitamos las cantinas en busca de chicha de jora. Teníamos sed y secamos las chicherías. Los que tenían dinero prefirieron tomar cerveza. La tarde caía y llegaron el camión y la camioneta, había que retornar a Chachapoyas. Fue un día intenso, inolvidable, de esos que nunca volverán. Personalmente, pudo haber sido una historia completa. Lo cierto es que no supe qué hacer cuando una compañera a quien sólo conocía de vista -creo que era del Quinto B- desde el desayuno, durante el recorrido en Kuélap y el retorno, se mostraba muy atenta. Me invitaba caramelos, me conversaba, me buscaba con la miraba y sonreía con sus amigas. Cuando llegamos a la ciudad me pidió que le ayudara con su equipaje. Lo ayudé. Fue lo único que hice, supongo por mi timidez que hasta hoy me acompaña.

martes, 20 de abril de 2010

AMAZONAS ES UN PARAISO... OLVIDADO?


Desde hace un tiempo a esta parte, mucha gente se pone a hablar de lo hermoso que es el departamento de Amazonas, por su gente, sus maravillas naturales y culturales, y su espectacular clima. Es que en realidad hay motivos diversos para ello, aunque sería bueno conocerlo y disfrutarlo.


Amazonas se encuentra en el nororiente peruano, y desde Lima sólo se llega en bus luego de un largo viaje de más de 20 horas pasando por Chiclayo. Puede ir en avión hasta Tarapoto y de ahí en bus durante unas cinco o seis horas. Si bien Chachapoyas cuenta con aeropuerto, éste no es utilizado regularmente por razones del mal tiempo o por la poca demanda. Creo que la razón primera es la valedera, porque tras el accidente de Tans, no hay vuelos regulares, salvó la Fuerza Aérea y sus vuelos cívicos.

Gran parte del territorio amazonense ocupa un área geográfica muy escarpada en ceja de selva, con elevadas cadenas de montañas, precipicios y cerrados valles que durante gran parte del año presentan una nubosidad muy densa, y seguramente por esta razón, los Sachapuyos fueron indomables, como se dice. ¿Acaso Kuélap no está en lo alto de una montaña y hay que tener mucha suerte para llegar cuando el cielo está despejado?.

La otra parte de su territorio, pegada a Ecuador, es netamente selva como Bagua, Utcubamba o Condorcanqui, donde se ubican las comunidades nativas que tomaron protagonismo últimamente por las violentas protestas como el trágico "Baguazo" en la ya conocida "Curva del diablo". No hay que confundir o mezclar estas dos realidades: el Amazonas en ceja de selva y el Amazonas netamente selva.

Para conocer el Amazonas en ceja de selva, subir al torreón de Kuélap, admirar la profundidad del cañón del Sonche, pasear por las angostas calles de Chachapoyas, impresionarse con las cataratas de Gogta o con las momias de Leymebamba, entre otras maravillas, es necesario tener espíritu aventurero, disposición de tiempo y algo de dinero, claro.

Cierta vez, el ex presidente Valentín Paniagua me dijo que Chachapoyas, para él era el Cusco del nororiente, por su rostro andino, sus casonas y tejados a doble agua, y que debería convertirse en un gran polo de desarrollo turístico. De la misma opinión es la ministra Mercedes Aráoz quien incluso afirmó que le gustaría vivir en Chachapoyas por su excelente clima, por ser pueblo tranquilo y contar con la magia milenaria de Kuélap.

Chachapoyas es una pequeña ciudad, llena de oficinas, colegios, instituciones del Estado, fundada en una pequeña meseta y rodeada por dos cadenas de montaña, dicen que con la única intención de la conquista de la Amazonía durante los primeros años de la colonia, por ello seguramente, su gente (de descendencia española en su mayoría) siempre marca la diferencia con lo que denominan "los pueblos", esa es la impresión mía, pero siempre en Chachapoyas se escucha la frase "son del pueblo" cuando se refieren a la gente de alrededores.

Sin embargo, en estos tiempos la cosa está cambiando, esa gente que llega de los distritos, anexos y caseríos le han dado a la vieja y tranquila ciudad el movimiento comercial que no tenía, ahora también se ven asentamientos humanos y nacen algunos problemas de inseguridad como en las grandes ciudades, pero en realidad es la ciudad que crece, ahora pujante, nos guste o no por la migración.


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Pero felizmente ahora Chachapoyas ya cuenta con carretera asfaltada, con universidad, hoteles, restaurantes, que antes no tenía, principalmente por la inoperancia de sus autoridades y por la pasividad de la población. Sí, esa es la cruda verdad aunque duela, porque a los chachapoyanos nunca se les ha visto protestar para exigir un derecho o una obra de desarrollo. Cómo no recordar la eterna espera de la hidroeléctrica de Cáclij, la pavimentación de la carretera, la universidad, etc... Es que los chachapoyas son pasivos, será porque ellos no son los nativos de la selva de Bagua, ellos son otros, son los "chachas" que creen que lo tienen todo, porque en realidad no tienen mayores apremios, ni sociales ni económicos.

Pero para conocer esta tierra que está despertando y dándose conocer al mundo, tenemos que armarnos de un espíritu aventuro y lanzarnos con la mochila al hombro, porque ahí están Kuélap, Gogta, Leymebamba, Luya, Huancas, Cheto, Molinopampa, Levanto, La Jalca, etc, cada pueblo con su encanto propio y sus comidas deliciosas como el purtomute, los tamalitos verdes, el cuy con papas, el café colado y sus panes incomparables.


Al escribir estas líneas recuerdo las alturas de mi Mito querido, a hora y media de Chachapoyas, siguiendo la ruta a Rodríguez de Mendoza. Se vienen a mi mente los pajonales, la jalquería, el cantar de las avez, las lluvias y los huracanes, los días de sol y las mingas. Como no recordar las caminatas en medio de las ruinas arqueológicas perdidas en los bosques, que son verdaderas ciudades antiguas como Choquia, Chaquil, Topia, Tiñón, etc. Cómo no añorar las dulces guayabas negras, las moras de zarza, los tomates amarillos, los pepinillos rojos, el maushán, las papayas, frutillas silvestres que sólo en esa parte del mundo se las encuentra.

Para conocer Chachapoyas y toda su belleza pasaremos por el puente Corral Quemado, Bagua, Quebrada Honda y Pedro Ruiz, hacer la caminata de tres horas a Gogta, visitar Kuélap, el museo de Leymebamba, el mirador de Sonche, Karajía, etc. Sólo estas pocas maravillas nos tomarán tres a cuatro días como mínimo, pero eso no debe importar, porque será realmente impresionante por tantas cosas que son difíciles de escribir, más para un amazonense...